martes, 23 de mayo de 2017

Cazanubes.

No sé qué es la suerte. Tardaré mucho en aprender a definirla. Pero, desde mi segundo día en mi nueva vida, sé perfectamente lo que es.
               Suerte soy yo.
               Suerte es que me despierten dándome besitos.
               Suerte son las palmaditas en la tripa de mamá.
               Suerte es la sonrisa de mi hermano cuando clavo los ojos en él.
               Y suerte es la mirada de papá, mirándonos a los tres a su lado en la cama. Creo que no puede creerse la suerte que tiene. Yo sí que no puedo creérmela.
               Scott me pasa un brazo por debajo del cuerpo, me levanta suavemente y me estrecha contra sí. Está calentito. Su pijama es suave. Me gusta muchísimo que me abrace.
               Suerte son los abrazos de Scott.
               Quiero despertarme todos los días así. Mamá me da un beso en la cabeza.
               -Buenos días, mis niños-celebra. Me encanta la voz de mamá. Me pasaría escuchándola horas. Papá se inclina y le da un beso en los labios. Luego, hace lo mismo que ha hecho ella. Su beso pincha. Rasca un poco. Es sorprendente, pero me acostumbraré. Quiero acostumbrarme. Sé que lo haré.
               Me gustan los besos de papá.
               -¿Habéis dormido bien?-pregunta. Quiero decirle que sí. Esa cama es mil veces mejor que mi cestita. No es que mi cestita esté mal. Pero la cama está mejor. Me gusta tener algo que se mueve a mi lado. Y que me dé calor.
               Y no destaparme.
               Sobre todo, no destaparme.
               -Genial-dice Scott, y me mira y me da otro achuchón-. Me he despertado varias veces, ¿sabéis? No me podía creer que la tuviéramos aquí. Es tan bonita que parece de mentira-añade, y vuelta a espachurrarme. Creo que piensa que soy una frutita, y quiere hacer conmigo un zumo.
               Me pregunto qué fruta seré. Si sabré bien. Si le gustaré a Scott.
               ¿Qué fruta será Scott? ¿Y papá? ¿Y mamá? Mamá seguro que es la mejor fruta de todas. La más bonita y la más rica.
               Me muero por comer fruta. Es fascinante.
               -Me pasa lo mismo, cariño-replica mamá. Estira la mano y le toca el pelo a Scott. Tiene una mata negra deliciosa. Se parece al de mamá. Quiero hundir las manitas en su pelo y que me trague entera, y quedarme a vivir en él. Estiro el brazo, pero no llego. Scott me pone el dedo a tiro y yo me aferro a él. Scott abre los ojos y se echa a reír. Me da otro beso.
               Me quiere mucho.
               Y yo a él.
               Aunque piense que soy una frutita a la que exprimirle el zumo.
               -Venga, S. Hay que vestirse, para ir al cole-dice papá, dándole una palmada en el culo.
               El humor de mi hermano cambia rápidamente. Su expresión se convierte en susto. Abre los ojos y observa a nuestros padres, incrédulo.
               -¿Tengo que ir al cole?-casi grita. Me asusta un poco. No me lo esperaba.
               No me gusta que me asuste. Mi cuerpo se olvida de funcionar un momento, y luego se acelera. No quiero que lo haga más.
               -Claro, ¿qué esperabas? Además, le dijiste a Tommy que le hablarías de Sabrae.
               -Me refería a por la tarde, cuando venga a comer.
               -Pues no. Le hablas esta mañana, cuando lo veas-sentencia mamá, firme.
               -Pero… ¡mamá!-protesta Scott, y me pega contra él. Siento la desesperación en su abrazo. Me aferra como si no quisiera soltarme jamás.
               Oh, no, ¿van a llevarme otra vez a la cesta? ¿He hecho algo mal? ¿Se han cansado de mí? No quiero irme de nuevo a la cesta. Quiero quedarme con ellos. Me portaré mejor, lo prometo.
               Me echo a llorar. Y papá y mamá clavan los ojos en mí mientras Scott también se pone triste.
               -¡Ves! ¡Sabrae no quiere que me vaya! ¡No quiero ir al cole, quiero quedarme y jugar con Sabrae!
               -Tienes que ir al cole, Scott-dice papá. Mamá estira los brazos en mi dirección, pero Scott se aparta, me agarra bien la cabeza (¡ajá! ¡ahora has aprendido!) y me pega a su cuerpo.
               -Dame a Sabrae, Scott.
               -No-dice él.
               -Scott-exige mamá-. ¿Quieres que me enfade? Dame a tu hermana. Tengo que darle de comer. Tiene hambre-explica mamá. Scott me mira, y yo no paro de llorar. Pero me relajo un poco, eso sí. Si fuera una tormenta, amainaría.
               Y dejo de llover totalmente cuando Scott me entrega a mamá y mamá me acuna. No creo que ella sea capaz de dejarme. Alza las cejas, sorprendida por mi silencio. Vale, no se esperaba eso.
               -¿Qué pasa, mi amor?-dice-. ¿Me echabas de menos?-me toca la nariz, y yo sonrío. Y mamá también.
               Creo que me estoy enamorando de mamá.
               De verdad que no quiero que me devuelva a la cesta. Quiero que me sostenga siempre, siempre.

jueves, 18 de mayo de 2017

Cocoa King.

-¿Cuándo vemos a Zoe?-preguntó una voz infantil en el piso de abajo. Me revolví en la cama. ¿Qué hora era? ¿Cómo había llegado hasta allí? Oh, dios, me dolía muchísimo la cabeza. Y la tripa. ¿Estaba enferma?
               -Yo ya la he visto-replicó otra voz, una que había escuchado todos los días desde mi mudanza. Astrid. Descodificar una voz me sirvió para identificar la otra: Duna.
               -¿Habla gracioso? ¿Como Diana?
               -No hables así de Diana-se quejó Ash-, que es mi hermana legal.
               -Se dice “política”, Ash-corrigió su madre, cuya voz se vio encuadrada por unos pasos que se alejaban.
               -Eso también. Pues eso, que no te metas con Diana. La pobre no tiene la culpa de ser americana.
               -Yaaaaa, pero, ¿Zoe habla como ella?
               -Zoe es muy graciosa. Y tiene muchas, muchas pecas. Como… ¡así de pecas!
               -¡Hala! Son un montón.
               -Pues sí. ¿Se las intentamos contar?
               -¡Vale!
               Las niñas empezaron a saltar debajo de nosotras. Consiguieron enganchar la cuerda de la trampilla y tiraron con todas sus fuerzas hasta que la puerta se abrió y un haz de dolorosa luz penetró en la habitación. Zoe se encogió a mi lado, y yo me pegué instintivamente a ella.
               Duna escaló antes que Astrid, gateó despacio y en silencio hasta el borde de la cama y levantó la colcha. Se había equivocado, estaba de mi lado. Chasqueó la lengua y le hizo señas a Ash para que fuera por el otro lado. Mientras Astrid se acercaba a Zoe, Duna me tapó la cara y me acarició la cabeza como lo haría con un perrito, o con un bebé al que no quiere que le dé un constipado. Astrid tropezó con algo de ropa que habíamos dejado por ahí tirada, pisó unos pendientes y se oyó un crujido.
               Zoe abrió los ojos, sorprendida, y me miró con la alarma pintada en ellos. Yo parpadeé y me llevé el índice a los labios. Frunció el ceño un segundo y aguzó el oído.
               -Las pequeñas-expliqué en silencio, volviendo a vocalizar. Zoe alzó las cejas, comprendiendo, y asintió despacio con la cabeza. Esperó pacientemente a que las niñas llegaran a nuestro lado. Astrid agarró con la mano la colcha, y antes de que pudiera hacer ningún otro movimiento, Zoe se abalanzó sobre ella y le lanzó la colcha encima, encerrándola en un saco mientras yo me lanzaba a por Duna, la agarraba de la cintura y tiraba para meterla en el mismo sitio que Ash. Las dos niñas se pusieron a chillar; ayudé a Zoe a levantar el inmenso bulto gritón y tembloroso en que se habían convertido y las depositamos sobre la cama. Metimos las manos en los huecos de la manta y nos dispusimos a hacerles cosquillas a las niñas, que pasaron de gritar que las soltáramos a que parásemos, y a reírse a carcajadas.
               Era tal el escándalo que montamos, que los hermanos mayores vinieron a salvar a las pequeñas. Tommy fue el primero en asomar la cabeza, con su glorioso pecho al descubierto, el pelo revuelto y los ojos aún brillantes de sueño. Mm, me apetecía hacerle una visita a su habitación.
               Pero oh, mierda, estaba con la regla. Y, encima, Zoe estaba aquí. No podía desperdiciar su tiempo en Inglaterra montando a mi inglés.
               -Hola-saludé sin aliento, apartándome la melena de la cara y mirándolo. Tommy asintió con la cabeza, impresionado de que hubiéramos cazado a las niñas con las manos en la masa. No dijo nada: eso le tocó a Scott, que apareció medio minuto después que él, colocándose una camiseta al revés.
               -¿Qué les estáis haciendo?
               -¡Scott! ¡Socorro!-pidió Duna, pero una dosis de cosquillas de mi mejor amiga la dejó KO antes de que pudiera seguir delatando su posición. Tommy se cruzó de brazos y se volvió hacia él.
               -¿De dónde vienes tú?
               Scott le dedicó su mejor sonrisa de Seductor™.
               -¿Y esa traición?-gruñó Tommy-. Me voy a poner celoso, habíamos quedado en que, cuando vinieras a dormir a mi casa por mí, dormirías conmigo, no con ella.
               -No te piques, T, sabes que mi corazón es sólo tuyo-Scott le plantó un beso en la mejilla, pero Tommy no se ablandó.
               -No me toques, Judas.
               -Claro, como ahora tienes a Diana para consolarte... Menos mal que yo puedo apoyarme en Eleanor.
               -Y lo que no es apoyarte-añadí, guiñando un ojo.
               -Como veo que no me necesitáis aquí, voy a volver a su habitación. Mi chica me espera-le dio una palmada a Tommy en el omóplato y se giró sobre sus talones, ya dispuesto a volver con Eleanor.
               -¿Quiere a alguien a quien querer? ¿Que la abrace?
               Scott se volvió hacia él con la mirada ennegrecida.
               -¿Qué acabas de decir?
               -She wants somebody to love in the right way-empezó a cantar Tommy, y Scott lo empujó y salieron corriendo escaleras abajo, Tommy cantando She, de Zayn, y Scott detrás intentando zurrarle para que se callara.
               Zoe dejó tranquilas a las niñas y se puso a escuchar a T cantando. Sonrió, oyendo cómo entonaba aun a pesar de que tenía que reservar fuerzas y capacidad pulmonar para su huida.
               Duna se la quedó mirando, insegura de cómo proceder a contarle las pecas. Ash la cogió de la mano y negó con la cabeza: éramos demasiado duras de roer como para ir de frente, lo mejor sería ir por sorpresa. Les pedí un beso de buenos días, me lo dieron, le dieron a Zoe otro, porque les dijo que se ponía celosa, y se marcharon.
               -Qué ricas-comentó.
               -¿Como sus hermanos?-la piqué. Zoe me dio un empujón y se echó a reír, se me puso encima antes de que yo pudiera escaparme.

lunes, 15 de mayo de 2017

Terivision: The giver.

¡Hola, delicia! Hace un montón de tiempo que no escribo sobre películas, así que hoy he decidido traerte la reseña de una que vi esta semana. Se trata de:


The Giver. El la versión cinematográfica de la novela con el mismo nombre, traducida al español como El dador. Ésta es la historia de Jonas, un joven que llega a la edad en que se le asignará el trabajo que desempeñará durante toda su vida, y, en la ceremonia de la selección, se la asigna un misterioso y exclusivo trabajo, el más importante de su sociedad: será receptor de recuerdos.
No quiero contarte mucho más de la trama para no estropearte la película, pero sí que recalcaré una cosa: a pesar de que se trata de una película de futuro distópico (una de muchas, pensarás), no se parece en nada a ninguna otra que haya visto (y mira que estoy bastante versada en el tema). Tiene unos ciertos aires a Divergente, debido a la ceremonia en la que se asigna el destino a cada persona, pero, a la vez, es todo lo contrario a ese mundo: lejos de dividirse en facciones, la sociedad en la que vive Jonas trabaja codo con codo para la mejor unidad y supervivencia. Puede que el destino esté escrito y sellado, pero no existe la separación que hay en las películas protagonizadas por Shailene Woodley.
Por otro lado, podría haber una cierta similitud con Delirium, saga que aún no he leído pero que sé más o menos de qué va: también es un mundo sin sentimientos, pero aquí, no son extirpados al llegar a cierta edad: con una simple inyección matutina, las personas pierden sus sentimientos y se vuelven seres prácticamente robóticos, guiados por la lógica y el bienestar de su comunidad.
He de decir que la noche en que vi la película no tenía planeado hacerlo: se me hizo un poco tarde y no quería ver ninguna de más de una hora y media. Me metí en mi lista de pendientes y elegí esta fundamentalmente porque en ella participa Dios hecho mujer: Meryl Streep. Me apetecía verla trabajar, y, como ya había decidido hacía tiempo verla, me animé a ello.
Y me sorprendió muchísimo.
Partimos de la base de que marqué la película como pendiente fundamentalmente por el protagonista, Brenton Thwaites, una cara nueva que aparecerá en Piratas del Caribe 5. No tenía grandes expectativas de ella por el poco bombo que se le dio: el mero hecho de que un chico al que yo no conocía de nada trabajara con titantes del cine del calibre de Meryl me hizo asumir automáticamente que a) su interpretación iba a ser mala, tirando a pésima y b) la película en sí iba a ser mala, tirando a pésima.
Y no fue así para nada.
La interpretación de Brenton no es de Oscar ni mucho menos. Tampoco la de Meryl, la he visto mucho mejor en otros lugares, evidentemente. Eso no quita, no obstante, de que los dos estén más que correctos en su papel. Diría que incluso se sienten cómodos y le aportan bastante al personaje: Breton es Jonas, el protagonista, que se encuentra con la posibilidad inédita de poder hacer preguntas y saltarse las normas en una sociedad absolutamente obsesionada con ellas. Nunca ha sido un chico normal, siempre ha experimentado sensaciones que sus amigos no habían vivido, y en esta película consigue transmitir ese momento de liberación, tanto sentimental como vital, que experimenta cuando se la asigna el papel de receptor de recuerdos. Meryl, por otro lado, interpreta a la “mala” de la película, la Anciana Mayor, una suerte de alcaldesa de la ciudad en la que vive que ha de velar por el buen funcionamiento y estabilidad del sistema establecido. Meryl no lo borda (es un papel bastante plano, a mi modo de ver), pero tampoco decepciona.
Luego tenemos la trama de la historia: me ha parecido un soplo de aire fresco aunque puede, a la vez, catalogarse como más de lo mismo. Chico joven descubre que es especial, se rebela contra lo establecido, intenta cambiar su sociedad. Pero, a la vez, los tintes reflexivos, la crítica que se hace al desconocimiento del pasado en una sociedad que no dista tanto de la nuestra en el sentido del poco interés que hay por lo sucedido anteriormente y las barbaridades que tenemos que ver todos los días en el telediario, hace que tengas la impresión de que no has visto nunca nada semejante. Y es que no es así.
Por otro lado, la forma en que la película está hecha es preciosa. El guión es bastante simple, tengo la sensación de que incluso se concibió la película para ser parte de una saga que finalmente se quedó en una anécdota, pues se dejan muchas cosas abiertas que, supongo, se cerrarán en los libros. Pero el juego con los colores, lo visual que es la película, te encantará: los ancianos, dirigentes de la sociedad, han creado la igualdad hasta el punto de que han llegado a erradicar los colores. Todo esto se hace para evitar envidias y demás malos pensamientos que se supone que vienen de las diferencias, y para conseguir superar trastornos del pasado. A medida que avanza la película, nuestro protagonista va descubriendo los colores, la música… en fin, el mundo, las diferencias. Y la forma que tiene el director demostrarlo, cambiando los colores dependiendo de si vemos las cosas desde el punto de vista de Jonas o no, me ha parecido genial.
Lo mejor: esta es una película de amor, pero no es una película de amor romántica o a una determinada persona: es amor por el mundo, la historia, lo que la humanidad es (o su ideal), y por las segundas oportunidades.
Lo peor: los personajes, al margen de Jonas, parecen bastante planos, con excepción del Dador. No hay mucho trasfondo a sus acciones ni explicación: hacen lo que hacen porque sí, y punto.
La molécula efervescente: sonará raro, pero es Brenton Thwaites. Me ha encantado descubrir a un actor así, que encima le puede prestar perfectamente la cara a Alec, uno de los perosnajes de mi novela. Cada vez que él sonreía o alzaba las cejas, no veía a Jonas: veía a Al.
Grado cósmico: Estrella galáctica. {4.5/5}.
¿Y tú? ¿Has visto la película? Si es así, no dudes en dejarme un comentario contándome qué te pareció. Nos leemos pronto, espero.