viernes, 20 de octubre de 2017

Infatuated.



-No nos lo van a dar-susurró Scott a mi derecha, mordiéndose el piercing tan fuerte que prácticamente se hizo sangre. Me sorprendió que de su boca no brotara el típico líquido rubí que acusaba cada herida.
               -Ya lo sabemos-gruñó de nuevo Chad.
               -Es que no nos lo van a dar-repitió el inglés.
               -Que ya lo sabemos…-espetó Chad.
               -Me va a dar algo-gimió Layla a mi lado.
               Diana tenía los hombros cuadrados y el pelo le caía en cascada por la espalda desnuda, brillando dorado sobre su piel bronceada. Se miraba los pies y juntaba las manos con tanta fuerza que tenía los nudillos pálidos. Tomó aire y lo expulsó en una bocanada ruidosa, apretando sus párpados con fuerza, elevando una plegaria al cielo, por favor, por favor.
               Yo tragué saliva y traté de abstraerme al mismo momento hacía un año, cuando Eleanor había sacado su primer disco y había estado nominada a la misma categoría que nosotros: mejor artista revelación.
               Y ella había dado un brinco inmenso cuando anunciaron su nombre, casi tan grande como el que habíamos dado Scott y yo cuando nos dieron nuestro primer premio, hacía unos meses, en septiembre, en una gala de la Mtv. Nos habíamos sacudido los hombros y nos habíamos puesto a gritar mientras Layla y Chad se abrían paso entre la multitud que buscaba felicitarnos mientras Diana trotaba en dirección al escenario para ser la primera en tocar nuestro tan ansiado trofeo y anunciar entre lágrimas que era el primer premio que recibía a pesar del tiempo que llevaba trabajando, en el ojo público. Se tapó la boca y se refugió entre mis brazos, y los gritos aumentaron cuando Scott se acercó al micrófono para agradecer a cada persona que había hecho posible que nosotros estuviéramos sobre aquel escenario cada gramo de esfuerzo. Diana había levantado los ojos y me había mirado con ellos llenos de lágrimas, y yo no pude evitarlo.
               Sabía que me estaba mirando todo el mundo, sabía que el público americano era muy quejica e incluso represivo, pero me daba igual. Me incliné, le cogí la cara y la besé mientras Chad pasaba a la parte frontal del escenario y se inclinaba sobre el micrófono, precisamente en el momento en que los gritos se elevaban un poco más. Layla había sonreído y me había tocado la espalda, me había hecho un gesto con la mano para que pasara a la parte delantera. Temblando como una hoja, lo único que había podido decir para imponerme sobre el rugido de una audiencia entregadísima había sido:
               -Mamá, te quiero.
               Para que luego ella fuera diciendo por ahí que no tenía favoritos; y una mierda que los tenía.
               Conté tres latidos de corazón donde antes sólo había uno, y unos treinta antes de que por fin las dos estrellas consagradas de la música consiguieran romper el sobre con el gramófono dorado sobre fondo negro, ella se acercara al micrófono mientras él miraba en otra dirección, buscando una cámara, o buscando al ganador, que no podíamos ser nosotros, sus ojos no nos encontraron, su mirada no nos buscó, su…

martes, 17 de octubre de 2017

Tomlinson.

Ya sé todo lo que dije en Agosto y el tute a capítulos que llevo, pero al final, Chasing the stars no se acabará hoy. Este tampoco es el último capítulo de Tommy; todavía quedan otros dos capítulos (el último será el sábado) para que la novela se dé por concluida.
¡Muchísimas gracias por la avalancha de comentarios en el último capítulo! Os echaba mucho de menos, me alegro de saber que aún seguís ahí.
Dicho todo esto, ¡que disfrutéis!



Siempre se me aceleraba un poco el corazón cada vez que tenía que atravesar esas verjas de hierro, sin importar lo que tuviera que hacer ese día.
               Dependiendo del humor de mi chica, pero sobre todo, de cómo le hubiera ido esa semana, podíamos vernos en su habitación y disfrutar de mucha más privacidad, o tendríamos que encontrarnos en la sala común, con vigilantes por todas partes, sin poder hacer otra cosa que no fuera cogernos de las manos y mirarnos a los ojos.
               En el mejor de los casos, me hacían pasar a una sala y esperar casi 10 minutos a que la habitación contigua estuviera libre para que me hicieran un chequeo completo y comprobar que no llevaba drogas encima, lo cual incluía desnudarme para asegurarse los enfermeros de que no llevaba nada escondido debajo de una camiseta o en los calzoncillos. Eso significaba que Diana me estaba esperando en su habitación, que yo podría suponer un peligro (como si fuera lo bastante imbécil como para mandarla a rehabilitación y luego dedicarme a pasarle droga como un vulgar camello o algo así.
               En el peor de los casos, me hacían acceder directamente a la sala común, examinaban la bolsa que llevaba para Diana de manera menos minuciosa y me dejaban entrar y pasar por las sillas blancas hasta donde estaba ella.
               No sabía qué me ponía más nervioso, si el tener que quitarme la ropa y dejar que un desconocido me toqueteara, porque así sabría que tenía a Diana para mí solo, con todas sus consecuencias; o el que me dejaran pasar directamente, porque eso significaba que Diana se había portado mal, o había recaído. 
               La enfermera de recepción se me quedó mirando un momento, comprobando que yo era el chico del carnet de identidad (por favor, si llevaba viniendo varios meses ya, debería saberse incluso mi número de la seguridad social). Finalmente, asintió con la cabeza, escribió mi nombre (Thomas Louis Tomlinson) con la misma letra redondeada y grande que tenía mi americana, y me indicó que pasara a la sala de los desnudos.

sábado, 14 de octubre de 2017

Tomlinson-Malik.


Volvió a llamar a la puerta, insistente. Mimi suspiró, terminó de arreglarme el pelo para poder poner el velo y se fue a abrirla. La cabeza de mi hermano se asomó por entre la rendija, tan curioso como nervioso.
               -¿Os falta mucho?-preguntó, y Mimi puso los ojos en blanco.
               -Nos faltará lo que nos falte-sentenció, tajante, cerrando la puerta de nuevo en las narices de Tommy, que protestó por lo bajo algo como parecido a “vamos a llegar tarde, verás, a Scott le da algo”.
               Mimi me retocó el maquillaje un segundo, se aseguró de que mis pestañas estuvieran perfectas con la máscara a prueba de lágrimas (ni se te ocurra ponerte a llorar antes de tiempo, me había advertido antes de echarme el spray fijador) y el pintalabios tuviera el tono correcto de cereza, perfilando mi boca y haciendo mis labios más carnosos.
               Kiara se había ofrecido a ser la que me maquillara en el día más importante de mi vida (por detrás del de mi nacimiento, claro), pero Mimi se había negado en redondo y se había puesto a ver un millón de tutoriales de maquillaje nupcial para estar a la altura delas circunstancias. Había llegado a mi casa a las nueve en punto, con un chándal raído que le había robado a su hermano y la bolsa con su vestido de un suave color lavanda en una mano, el maletín con el maquillaje en la otra. Había esperado pacientemente a que me duchara para espabilar, me había ayudado a ponerme el vestido y me había cubierto con un albornoz para no estropear mi traje.
               Se lo había tomado como la misión del siglo, y la verdad es que había hecho un trabajo espléndido conmigo. Me había resaltado los pómulos y agrandado un poquito más los ojos, le había dado más brillo a mi pelo, recogido en una trenza que enrolló en mi cabeza en un complicado moño que le había costado varios intentos con un maniquí que se había comprado para la ocasión, me había puesto sombra de ojos color tierra con ligeros toques dorados que resaltaban los tonos miel de mi mirada y había completado la sesión con un poco de iluminador en la punta de la nariz y un pintalabios cereza, a estrenar ese mismo día.
               Tenía un aspecto sencillo y a la vez elegante, con el centro de atención en mi boca, lo que más me miraba Scott cuando estábamos juntos, fuera donde fuera. Me mordí el labio instintivamente, pensando en qué estaría haciendo él en ese instante, y mis dientes blanquísimos refulgieron contra el tono granate de mi boca.