miércoles, 23 de agosto de 2017

Fuegos artificiales.

La primera vez que mamá me da uno de esos abrazos que te llenan la boca de leche, estamos en la bañera. Me ha dejado con mucho cuidado y mimo sobre una pequeña almohada que ha colocado dentro. Luego, se ha quitado la ropa y se ha metido ella. Me ha estrechado entre sus brazos y ha abierto el agua.
               Cruza las piernas para hacer con ellas una cuna y me deja en ella. Noto sus pies haciéndome cosquillas en la espalda. Suelto una carcajada cuando me las hace también con los dedos en la tripa; cosquillas en la espalda y la tripa a la vez es más de lo que yo puedo soportar.
               El agua me toca los pies, y yo lanzo una exclamación de sorpresa. Mamá sonríe, niega con la cabeza, frota nuestras narices y me da un beso en la mejilla.
               Es uno de nuestros “días de chicas”, en los que nos pasamos gran parte del tiempo solas, haciendo cosas juntas, cosas que me encantan: yo me tumbo encima de ella (bueno, ella me tumba, yo me dejo hacer) y ella me acaricia la espalda, la cabeza, me da besos, me hace cosquillas… me mima muchísimo, como compensando que papá y Scott se han marchado. Scott va a un sitio con muchos niños que gritan y alborotan. Su alboroto me gusta, pero odio que las puertas de colores de ese edificio se traguen a mi hermano cada mañana.
               Cuando mamá me mete en el carricoche y me anuncia que vamos a ir a buscar a Scott, es mi momento favorito del día.
               No sé a dónde va papá. Creo que es un sitio llamado liversidia o algo así. Pero no me gusta, porque llega más tarde que Scott. Así que tenemos que esperarle más.
               Hoy, sin embargo, no me importa esperarle. Mamá me achucha con cariño, compensando esa noche infernal que yo ya apenas recuerdo. Lo que no voy a olvidar es cómo se quedó al lado de mi cuna al día siguiente, la noche siguiente, cuidando de que no me pasara nada, arrullándome y acariciándome cuando yo me despertaba.
               Mamá se echa una cosa blanca que huele genial en las manos y me la pasa por el cuerpo, y yo me río.
               -¿Te gusta, mi pequeñita?-me dice, y yo me río y me agito y me río más, y mamá sonríe-. Claro que sí, mi amor, claro que te gusta.
               Mamá también se echa esa cosa, y luego coge un Aparato Misterioso que escupe agua de una forma en que no lo hace el grifo. Es como si fuera una nube portátil y de forma aburrida. También es fría y dura. Las nubes no parecen frías, y mucho menos duras.
               Claro que yo nunca he tocado una nube. Puede que las nubes no sean más que Aparatos Misteriosos que se han hecho amigos y se han escapado de sus casas… o que los Aparatos Misteriosos son trocitos de nubes que alguien ha recogido del suelo.
               Soy un bebé, todavía hay algunas cosas que no entiendo del todo bien. Pero estoy en ello.
               El Aparato Misterioso llueve sobre nosotras, limpiando la pequeña espuma de peluche de oveja efímera que cubre nuestros cuerpos. Alzo las manos, intentando alcanzar el Aparato Misterioso.
               -¿Quieres cogerla, mi amor?-pregunta mamá. Abro las manos y las cierro lo más rápido que puedo. Sí, sí, quiero coger el Aparato Misterioso-. Toma-me lo tiende y yo lo agarro. Pesa muchísimo. Las nubes no deben de pesar tanto. De lo contrario, no corretearían por el cielo. A no ser que tengan alas, claro. Nunca he visto una nube de cerca; puede que tengan alas, como los pajaritos a los que damos de comer en el parque, mientras Scott juega con sus amigos.
               El Aparato Misterioso expulsa agua. Luego, cierra una boca que yo no puedo ver. Lo chupo, porque soy un bebé, y es la forma que tenemos de descubrir cómo funcionan las cosas. Mamá me deja hacer. El Aparato Misterioso vuelve a escupir agua. Me lo enfoco a la cara; quiero verle la boca.
               Y, como es natural, me mojo.
               Cierro los ojos y lanzo una exclamación, soltando el Aparato Misterioso y llevándome las manos a la cara. El Aparato Misterioso se retuerce, como si fuera yo la que hubiera hecho algo mal, y no él, y estuviera protestando.
               Las lágrimas amenazan con desbordarse por mi cara, pero por suerte, mamá viene a mi rescate. Aparta el Aparato Misterioso, lo deja colgado de un sitio de la pared (¡castigado!, pienso con satisfacción) y me da besos, me muerde la tripa, consigue que me ría cuando quiero llorar.

domingo, 20 de agosto de 2017

Despacito, a la cima del mundo.

Como lo prometido es deuda y os habéis portado genial conmigo, aquí tenéis la información de los capítulos que quedan de Chasing the Stars.
Puedo garantizaros y de hecho os garantizo un mínimo de 13 capítulos más (es decir, la novela llegaría hasta 130), aunque no descarto poner un par de ellos más, porque quiero que sucedan muchas cosas en muy poco tiempo, y quedaría mal si intentara meterlo a calzador.
Además, y esto ya después de terminar la novela, iré subiendo unos anexos en los que explicaré con más detalle cómo son las actuaciones de los chicos en The Talented Generation... porque me hace ilusión dejarlo por escrito, y volver a verlas en mi cabeza dentro de unos años (si vuelvo a leer la novela) con claridad.
Y ahora, ¿qué día subiré el último capítulo?
Seguramente algunas ya lo sospechéis, porque, si empecé a subir Sabrae el día que nació Scott, parece lógico que Chasing the Stars se termine el día en que nace Tommy. ¿Qué día nace Tommy? El 17 de octubre... de ahí que os pidiera 17 comentarios para avisaros de lo que está por venir.
Tengo un calendario ajustadísimo que seguir; espero que no os importe que publique cada 3 días; de lo contrario, no llegaré a la fecha tope que me he puesto (y cumplir con la fecha es lo que más me importa, más que subir 13 o 15 capítulos). Os pido que me dejéis todos los comentarios que podáis para animarme en la recta final. Espero que todo merezca la pena y despedir esta preciosa historia como se merece. 
Dicho esto, y sin más dilación... ¡disfrutad del capítulo! 



Otra vez esa sensación de explosión en mi interior cuando terminamos la canción, los últimos acordes se extinguieron y las luces se encendieron para permitirnos ver al causante de aquel ruido ensordecedor, que tan fuerte era y tan bien sentaba. Nos acercamos al borde del escenario con una sonrisa satisfecha, mirándonos los unos a los otros, felicitándonos con la mirada por no haber metido la pata ni haber chocado con ninguno de los bailarines que abarrotaban al escenario, y nos inclinamos hacia delante mientras el público rugía nuestros nombres.
               -June-pidió Simon, dejando que la chica, que manejaba un iPad con una mano y un portátil con la otra se empujaba las gafas por el puente de la nariz.
               -Tengo a Aibbe, de Manchester, que dice “imagínate lo que sería que Layla te arropara por las noches y te diera un besito y te dijera que te quiere, dios mío, cómo quiero a mi madre”-leyó, y todo el mundo se echó a reír. Layla se puso colorada, Tommy le dio un cariñoso apretón en la cintura-. Asha, de Edimburgo, dice que no le importaría ir a un concierto de Chasing the stars aunque tuviera que pagar con la vida de su primer hijo… por cierto, Chad, si quieres tener un rollito de una noche, ella está disponible-más risas, Simon asintió con la cabeza-. Cara Delevigne twittea una foto de su televisor y dice que se muere de ganas de que lleguéis a la final para poder venir a veros en directo, ahora que ya le ha llegado la invitación-siguió leyendo una retahíla de tweets y publicaciones en Tumblr hasta que Simon le dio las gracias, ella sonrió, le dijo que gracias a él, y se retiró a un discreto segundo plano, reposando su espalda de nuevo en su silla-. ¿Jesy?
               -¿No quieres mantener un poco la tensión del momento?-respondió mi mejor amiga, alzando las cejas y mascando un chicle. Simon se echó a reír.
               -Tienes razón. ¿Quién empieza, tú o Gaga, Nicki?
               -Empiezo yo-Nicki se echó hacia delante, apoyó las palmas de las manos en la mesa y exhaló un suspiro-. ¡Guau! Os lo digo cada semana, y voy a sonar repetitiva, pero es que no hacéis más que sorprenderme. Me ha encantado la energía que habéis derrochado esta noche en el escenario, On top of the world es una de mis canciones favoritas por su buen rollito, tiene muchos aires de fiesta, y eso es lo que me habéis dado vosotros-nos señaló con un dedo acabado en una afilada uña postiza-. Ganas de fiesta. Felicidades, chicos.
               -Gracias-sonrió Diana, la encargada esta noche del micro. Gaga se recolocó su coleta antes de empezar:
               -Mentiría si os dijera que no noto mejoría respecto de la semana pasada, aunque me ha decepcionado un poco cómo os habéis desenvuelto con los bailarines en el escenario-comentó, mirándonos-. ¿No habéis podido ensayar mucho con ellos?

miércoles, 16 de agosto de 2017

Hogar, dulce hogar.

La música se termina por fin en este agotador ensayo. Desde que echaron a Thr3some la semana pasada, hemos decidido que no podemos dejar nada al azar. Nos hemos puesto las pilas (más incluso que antes), porque el nivel de exigencia es altísimo a pesar de haber empezado hace nada el programa.
               Todos creíamos que aquel grupo llegaría lejos, especialmente después de ver su audición, impecable y de una calidad altísima, con una coreografía digna de los profesionales del breakdance. Pero, cuando se les pidió que prepararan otra canción, fueron incapaces de innovar lo suficiente sin perder toda su esencia. Al final, los meses de ensayo de Swalla no habían sido suficientes, o precisamente habían sido demasiados, y los tres chicos se habían ido a la calle por no poder seguir el ritmo de los demás. A los jueces no les bastaba con clavar una actuación; querían que todas fueran perfectas.
               Y, después del incidente de Jesy y Scott, nosotros tenemos que matarnos a trabajar para poder mantenernos dentro.
               Tommy se sienta a mi lado, con el rostro enrojecido por el esfuerzo y la camiseta pegada a su espalda, empapada en sudor. Cierra los ojos un momento, recuperando el tranquilo ritmo de su respiración. Traga saliva, y yo no puedo evitar fijarme en la sensualidad que hay en ver subir y bajar la nuez de Adán de su cuello. Siento el impulso de besársela. Incluso me inclino hacia él.
               La coreógrafa pone de nuevo la canción, y los animados acordes de On top of the world reverberan en la habitación llena de espejos. Scott se tira al suelo, agotado, mientras Diana hace una mueca y Chad bufa. No podemos hacer el baile otra vez.
               -¿Seguimos de tarde?-sugiere la chica, y yo asiento con la cabeza en representación de mis compañeros. Ella se muerde el labio, repite mi gesto y empieza a recoger sus cosas. Siento los ojos de Tommy posarse en mí.
               -Hola-me dice, de repente consciente de mi presencia. Yo sonrío, celebrando la intimidad de que me hable en el idioma de nuestras madres. Últimamente hemos cogido ese hábito, como intentando compensar las veces en que se tiene que alejar de mí para acercarse más a Diana. No hemos explicado nuestra relación aún.
               -Hola-ronroneo-. Has bailado genial.
               Tommy sonríe con satisfacción. Ya sabía que bailaba bien, pero no se imaginaba que le resultaría tan fácil coger el ritmo y recordar los movimientos. Sabe que todos confiamos en él para que nos guíe en las actuaciones. Es un papel de peso que lleva con orgullo, el de maestro de bailes. Incluso disfruta de la confianza depositada en él, de los halagos continuos de compañeros y profesores, que no se esperan que un chico que nunca ha ido a clases baile así.
               -Es que soy latino-explica siempre, y se echa a reír-. Gracias-es lo que dice esta vez. Le cojo la mano sin pensar, y rápidamente se la suelto. Miramos a la coreógrafa, que sigue recogiendo sus cosas, ajena a nosotros. Tommy traga saliva, me acaricia el dorso de la mano con discreción, aprovechando que la he dejado caer a un costado y que él posa la suya también en el suelo-. Siento que tenga que ser así-me dice en un susurro, asegurándose de que nadie nos oiga, nadie nos escuche. Le quito importancia con un gesto de la mano.
               Diana termina de recoger sus cosas, Scott se levanta del suelo después de sentir la mirada envenenada de ella sobre él. Chad bebe un poco más de agua, detecta la tensión que crece entre la americana y el inglés, y decide rebajarla inquiriendo:
               -¿Quién se ducha primero?
               Los ensayos son una verdadera odisea; nos duchamos varias veces al día, tan agotados y sudorosos que terminamos, y eso nos afecta a la piel. No es bueno meterse tantas veces debajo de agua muy caliente, no es bueno enjabonarse como nos enjabonamos, pero no nos queda otra. Bastante difícil es ya estar cinco personas en una habitación de tres, como para que descuidemos nuestra higiene.
               Diana está a la que salta precisamente por los efectos del agua en su piel y en su pelo. Ella, que tenía una melena tan suave, brillante y fuerte, está perdiendo toda su fuerza, porque lleva el pelo recogido durante demasiado tiempo; ella, que siempre desprendía un aroma afrutado que me encantaba oler cuando iba a su habitación, sumergiéndome en su esencia, ahora desprende un olor a jabón del más barato, de ése que sólo huele a una única fruta que, para colmo, está por descubrir.
               Intenta compensar sus cambios de humor esnifando cocaína cuando tenemos un descanso, y siempre que lo hace, es a escondidas. Luego viene con nosotros, se sienta donde estemos y trata de contener los efectos secundarios que la sustancia tiene en su organismo. No siempre lo consigue. Y Tommy siempre le nota que se ha metido algo; frunce el ceño, pone mala cara y finge que no la tiene delante cuando ella está colocada.
               Scott no lo está pasando mejor que ella. Después de que Eleanor pusiera distancia entre los dos, temiendo que su relación se resintiera por la sobre-exposición a la que les someterían, apenas puede pasar tiempo con ella y tiene que aguantar que todas las redes sociales se llenen de mensajes apoyando la pareja que hace con cualquier chica a la que se acerque a menos de un metro. Todos los días, durante algún período de descanso o comida, June aparece con su cámara y nos graba un vídeo para mantener el interés de la población. Scott tiene que cuidarse muy mucho de sentarse rodeado de chicos, e incluso cuando no hay ninguna chica en contacto con él, la gente se las apaña para cazar alguna mirada involuntaria cuando una fémina habla.
               Y emparejan a Scott.
               Y Eleanor finge que no le importa.
               Y Scott finge que no se da cuenta.
               Pero a ella sí le importa. Él sí se da cuenta.